Madre

Jordi Bernal Microrrelatos

Los esfuerzos del parto la habían dejado agotada, pero sus sentidos estaban despiertos. Sentía el calor de su pequeño cuerpo y el aroma dulce y agrio de su piel húmeda. Una manita pequeña cogió su dedo, con fuerza, y ella lo apretó contra su pecho, un poco más, para sentirlo más cerca, para sentir cómo latían sus corazones juntos.

Anochecía en la selva, y mientras los demás macacos comían fruta, la madre empezó a lamer a su primera cría, pacientemente.